el príncipe se cambió las vestimentas, disfrazándose de ermitaño, y al amanecer se puso en pie y partió hacia el lugar de donde sentía la llamada. Su vestimenta era una túnica de lino, de color blanco, y se protegía con un gran manto gris con forro azulado.
En su mano derecha tenía empuñado el bastón de su poder: una vara en forma de T con dos serpientes enroscadas de abajo arriba, una negra y otra dorada.
En su mano izquierda llevaba la lámpara encendida, con siete rayos que lucían día y noche sin apagarse nunca. Ningún viento podía apagar esa luz, ya que formaba parte de la herencia del conocimiento y su misión era guiar a quienes habían invocado su nombre.
El iniciado, vestido de ermitaño, analizaba el camino de regreso y se daba cuenta de lo diferente que era ahora la patria de origen.
La sabiduría y la iniciación le habían convertido en un apátrida y las gentes a su paso ya no le llamaban de ninguna forma. Sólo se fijaban en su apariencia humilde.El arcano de la iluminación interior del amor puro y la sensatez. Se presenta con Marte en Aries y con la letra egipcia Teth. Simboliza el misterio indescifrable y la renovación vital.